
El arte de ser pacificadores
Bosquejo 29
Lee antes de preparar: Mateo 5:3-12. El versículo 9 es la séptima de las bienaventuranzas. Jesús describe cómo es la gente que vive bajo el reinado de Dios. Fíjate en la palabra: «pacificadores» no es «pacíficos». No es quien evita el conflicto, sino quien trabaja para que haya paz.
Idea central, en una frase: Los hijos de Dios se reconocen porque, donde llegan, ayudan a desarmar los conflictos en lugar de alimentarlos.
Duración aproximada: 15 a 20 minutos.
Para empezar
Pregunta: ¿qué pasa en una reunión familiar cuando alguien dice algo que enciende la discusión, y qué hace cada uno? Deja que respondan. Unos gritan, otros se van, otros callan, y a veces alguien intenta calmar los ánimos. Di que Jesús habla hoy de esa última persona.
1 · No poner leña al fuego (versículo 9)
Qué dice el texto: Jesús llama dichosos a los pacificadores. La palabra describe a quien hace la paz, no a quien simplemente la disfruta.
Qué explicar: el pacificador no es el que calla para que no haya problemas, ni el que le da la razón a todos. Es quien no inicia pleitos, no repite lo que enciende un pleito y no alimenta discusiones que no llevan a nada. Muchas veces la paz empieza por lo que uno decide no decir.
Pregunta para dejar en el aire: ¿hay alguna discusión que hayas alimentado esta semana con un comentario que no hacía falta?
2 · Construir puentes (versículo 9)
Qué dice el texto: la promesa no es para quien tiene paz por dentro, sino para quien la produce hacia afuera.
Qué explicar: hacer la paz cuesta: hay que dar el primer paso, escuchar a las dos partes, pedir perdón cuando toca y ayudar a otros a reconciliarse. Jesús mismo dio un ejemplo práctico en este mismo sermón: si te acuerdas de que un hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte (Mateo 5:23-24).
Una imagen que ayuda: un puente. Alguien tiene que construirlo desde una orilla, aunque el otro lado todavía no se haya movido.
3 · Una identidad que se nota (versículo 9)
Qué dice el texto: Jesús dice que los pacificadores serán reconocidos como hijos de Dios.
Qué explicar: parecerse al Padre se nota en el trato. El Dios de la Biblia es el que reconcilia; sus hijos hacen lo mismo. Cuando alguien en una familia, un trabajo o una iglesia trabaja por la paz, se parece a su Padre, aunque nadie lo diga.
Aplicación práctica durante la semana
Propónsela a la congregación como un compromiso personal, algo concreto para vivir esta semana lo que escucharon:
Si tienes un malentendido pendiente con un familiar, un hermano de la iglesia o un compañero, esta semana da tú el primer paso: una llamada, un mensaje o una conversación breve, sin reproches.
Cierre y llamado
1 · Recoge el mensaje (un minuto). Vuelve a la pregunta con la que abriste: ¿qué pasa en una reunión familiar cuando alguien dice algo que enciende la discusión, y qué hace cada uno? Respóndela con Jesús: dichoso el que intenta calmar los ánimos y trabaja por la paz, porque se parece a su Padre. Y repite en voz alta la idea central: Los hijos de Dios se reconocen porque, donde llegan, ayudan a desarmar los conflictos en lugar de alimentarlos.
2 · El llamado (dos o tres minutos). Con tus palabras, más o menos así:
La paz más profunda es la paz con Dios, y Jesús la hace posible. Si nunca lo has recibido como tu Señor y Salvador, hoy puedes hacer las paces con Dios. Y si ya lo conoces, pero un conflicto te fue alejando de él, hoy puedes volver y consagrarle de nuevo tu vida.
Invita a responder según la costumbre de tu iglesia: orar en su lugar o hablar contigo al terminar. Deja un momento de silencio para que cada quien pueda responder con calma. Con cariño y con libertad: la urgencia se dice como una invitación.
3 · Oración. Ora por quienes respondieron, y para que cada persona presente sea de las que trabajan por la paz donde vive. Quédate disponible al terminar para quien quiera hablar contigo.
¡Dios te bendiga!