
Guía del acompañante
Cuatro conversaciones, no cuatro clases
Acompañante: ____________________ Acompañado: ____________________
Tú puedes hacer esto
Si te pidieron acompañar a alguien que acaba de decidirse por Cristo y pensaste «yo no sé enseñar», estás en el lugar correcto. Esta guía está escrita para un hermano que va a sentarse con otra persona cuatro veces. Todo lo que hay que decir está aquí. Léelo antes de cada encuentro y hazlo tuyo. No hace falta memorizarlo ni leerlo delante del otro: entiéndelo y después conversa.
Por qué es uno a uno
Frente a una sola persona, el que acaba de llegar pregunta con más confianza lo que de verdad necesita saber. Y esas preguntas son las que hay que responder.
Cómo funciona
- Cuatro encuentros, uno por semana, de una hora.
- En un lugar visible o público: una sala con gente cerca, una panadería, el porche. Regla de seguridad, sin excepciones: hombre con hombre y mujer con mujer, nunca a solas en una casa vacía. Si es menor de edad, con permiso de su representante, en la iglesia y a la vista; con niños, con su familia presente.
- Dos personas. Si son tres porque va el matrimonio, bien. Con más de cuatro ya es otra cosa.
- Cada uno con su cuaderno impreso, y una Biblia entre los dos si el otro no tiene.
- Al terminar, un certificado: no por haber aprobado nada, sino porque haber empezado se celebra.
Seis claves para ti
1. Escucha más de lo que hablas. Un buen encuentro es aquel en el que el otro habló bastante. 2. Explica las palabras de iglesia. Arrepentimiento, gracia, santificación, comunión, edificar: si usas una, explícala en la misma frase. Y si ves cara de duda, detente y explícala. 3. Di «no lo sé» cuando no lo sepas. Después: «déjame preguntarle al pastor o la pastora y te digo la semana que viene». Eso le da confianza al otro para preguntar más. 4. Aclara lo importante y deja lo demás al tiempo. Una persona nueva a veces dice cosas que todavía no tiene claras. La Biblia y el camino van a hacer su trabajo. 5. En estos cuatro encuentros, el tema es su relación con Dios. Los demás temas de la vida de la iglesia llegan a su tiempo, y el pastor o la pastora los va a explicar. 6. Cumple. Si quedaron el jueves, está el jueves. Para esa persona, ahora tú eres la cara de todo esto, y cumplir enseña más que cualquier palabra.
Lo más importante de esta guía: cada encuentro trae una sección llamada «Lo que probablemente te van a preguntar», con las preguntas que suele hacer una persona nueva y cómo responderlas. Léela aunque no leas nada más.
Encuentro 1 · ¿Qué me pasó realmente?
Pasajes: Juan 1:12, 2 Corintios 5:17, 1 Juan 5:13
Lo que conviene que quede claro: lo que pasó es real, y Dios cumple lo que promete.
Materiales: Dos Biblias o una entre los dos, los cuadernos, lápices.
Antes de verse
- Lee Juan 1:12, 2 Corintios 5:17 y 1 Juan 5:11-13.
- Piensa en cómo fue tu primera semana después de decidirte. La vas a contar, incluido lo que te costó.
- Escoge el lugar y confirma por mensaje el día anterior.
- Lleva impreso el cuaderno de la otra persona: es donde va a escribir todo.
Cómo empezar
Empieza preguntando: «¿Cómo has estado desde ese día?» Y escucha. Es probable que salga una de estas tres cosas: que está contento, que no siente nada distinto, o que ya le pasó algo que lo hizo dudar. Las tres son normales, y hoy se responden. Después cuenta tú cómo fue tu primera semana. Si fue confusa, dilo. Esa honestidad es lo que hace que el otro confíe en lo demás.
De qué se trata este encuentro
Lo que pasó tiene nombre
Lo que esa persona hizo fue recibir a alguien.
«Mas a todos los que le recibieron... les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.» Juan 1:12
Fíjate en el verbo: recibir. Y en lo que Dios da: la condición de hijo. Eso es una relación, no un carnet.
Dios cumple lo que promete
Esto es lo más importante de hoy: Dios cumple lo que promete. Hay quien se decide por Cristo un domingo con lágrimas, y el martes se despierta sin sentir nada y piensa que no era verdad. Las emociones van y vienen, con el sueño, con la comida, con los problemas; la promesa de Dios es la misma. Y si un día se aleja, puede volver a Él.
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es.» 2 Corintios 5:17
Nuevo no significa perfecto
«Nueva criatura» no quiere decir que a partir de hoy no va a fallar. Quiere decir que empezó una vida nueva con Dios. Los hábitos, el carácter, la manera de reaccionar, se van cambiando con el tiempo, a veces despacio. Si espera perfección desde el primer día, la primera vez que falle puede pensar que todo era mentira. Díselo hoy, antes de que le pase.
Dilo con estas palabras: «Si algún día fallas, no te asustes, y sobre todo no te escondas: Dios perdona al que vuelve a él. En el tercer encuentro vamos a hablar justamente de qué se hace cuando eso ocurre.»
Se puede saber
Termina mostrándole lo que dice Juan:
«Estas cosas os he escrito... para que sepáis que tenéis vida eterna.» 1 Juan 5:13
Juan lo escribió para que lo sepan, no solo para que lo sientan.
Preguntas para hacerle
1. ¿Cómo has estado desde ese día? ¿Qué ha sido distinto y qué ha sido igual? 2. ¿Qué fue lo que te hizo decidirte? 3. ¿Se lo has contado a alguien? ¿Cómo reaccionaron? 4. ¿Hay algo que te haya hecho dudar esta semana? 5. ¿Qué es lo que más te preocupa de esto que empezaste?
Lo que probablemente te van a preguntar
«¿Y si no siento nada?»
Es una de las preguntas más comunes, y conviene responderla con cariño. Dile que no está solo: a mucha gente le pasa, incluso a hermanos de muchos años. Y que lo que Dios hizo no se apoya en su emoción. Un ejemplo que se entiende: uno no deja de ser hijo de su papá los días que no siente nada especial por él.
«¿Y si ya volví a hacer lo mismo?»
Recíbelo con calma. Lo que esa persona necesita hoy es saber que puede contarlo. Dile que Dios perdona al que vuelve a él, que en el tercer encuentro van a ver qué hacer exactamente cuando pasa, y que lo más importante es no esconderse.
«¿Tengo que cambiar todo de una vez?»
No. Dile que Dios va obrando paso a paso. Que empiece por lo que Dios le vaya mostrando, y que lo vaya conversando contigo y con el pastor o la pastora. Si insiste en que le digas qué debe cambiar primero, devuélvele la pregunta: «¿Qué crees tú que Dios te está señalando?» Dale tiempo para responder.
«¿Y mi familia? Se van a burlar.»
Puede que sí, y no conviene prometerle que no. Dile que no tiene que anunciar nada ni discutir con nadie. Que lo que más se nota no es lo que diga, sino cómo trate a la gente de su casa de ahora en adelante. Y que si alguien se burla, no está solo: tú estás a un mensaje de distancia.
Para esta semana
- Leer Juan capítulo 1 completo, sin apuro. Si no entiende algo, que lo anote en el cuaderno para preguntarlo.
- Escribir en el cuaderno la fecha en que se decidió, si la recuerda.
- Nada más. Esta semana no hay más tarea.
Cómo cerrar
Ora tú en voz alta, corto y sencillo, mencionando su nombre. Si él no se ofrece a orar, no se lo pidas todavía: a mucha gente le cuesta orar en voz alta delante de otro. Confirma el día y la hora del próximo encuentro antes de despedirse, y mándale un mensaje a mitad de semana solo para saber cómo está.
Encuentro 2 · Cómo leer la Biblia sin perderme
Pasajes: Salmo 119:105, 2 Timoteo 3:16, Juan 1
Lo que conviene que quede claro: la Biblia se puede leer y entender, y hay una manera de empezar que funciona.
Materiales: Dos Biblias, cuadernos, lápices, la tarjeta «Mis primeros 30 días».
Antes de verse
- Lee Juan 1 completo, porque es lo que la otra persona leyó esta semana.
- Repasa cómo se busca un versículo. Lo vas a enseñar hoy.
- Lleva impresa la tarjeta del plan de 30 días.
- Si la otra persona no tiene Biblia, consíguele una esta misma semana.
Cómo empezar
Pregunta primero por la semana, no por la tarea: «¿Cómo te fue?» Y después: «¿Pudiste leer algo?» Si no leyó, anímalo: pregúntale qué se lo impidió. Puede ser tiempo, sueño o no saber por dónde empezar, y las tres cosas se resuelven hoy. Si leyó, pregúntale qué le llamó la atención y qué no entendió. Empieza por lo que no entendió.
De qué se trata este encuentro
Qué es este libro
La Biblia no es un solo libro: son sesenta y seis, escritos por unas cuarenta personas a lo largo de siglos, y todos apuntan a lo mismo. Se divide en dos partes. El Antiguo Testamento es lo que pasó antes de que Jesús viniera. El Nuevo Testamento empieza con él.
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.» Salmo 119:105
Fíjate en la imagen: una lámpara de camino no ilumina todo el trayecto. Ilumina el siguiente paso.
Enseña a buscar un versículo
Esto parece elemental, y es lo que más vergüenza da preguntar. Hazlo hoy, sin que tenga que pedirlo. Muéstrale el índice del principio. Explícale que «Juan 3:16» significa libro de Juan, capítulo 3, versículo 16: los números grandes son capítulos; los chiquitos, versículos. Y después ponlo a buscar dos o tres, con calma, hasta que le salga solo.
Vale la pena: así podrá seguir la lectura en el culto y sentirse parte desde el primer domingo. Diez minutos hoy le ahorran meses de incomodidad.
Por dónde empezar
Conviene empezar por el Evangelio de Juan, que cuenta quién es Jesús. Después Marcos, que es corto y directo. Después Hechos, que cuenta cómo empezó la iglesia. Y los Salmos aparte, para cuando uno está mal o está agradecido. Entrégale la tarjeta de los primeros 30 días: un pedacito por día. No hay que leer mucho; hay que leer seguido.
Qué hacer cuando no se entiende algo
Dile cuatro cosas, en este orden: primero, que siga leyendo, porque muchas veces se aclara más adelante. Segundo, que lo anote en el cuaderno. Tercero, que te lo pregunte a ti. Y cuarto, que si tú no sabes, van los dos y le preguntan al pastor o la pastora. Dile también que va a encontrar pasajes difíciles, sobre todo en el Antiguo Testamento, y que está bien preguntar por ellos.
Cómo leer para que sirva
Tres preguntas cada vez que lea, y con eso basta: ¿qué dice aquí de Dios?, ¿qué dice de las personas?, ¿hay algo que tenga que ver con mi vida hoy? Están escritas en el cuaderno, en la página de esta semana.
Preguntas para hacerle
1. ¿Habías leído la Biblia antes? ¿Cómo te fue? 2. De lo que leíste esta semana, ¿qué te llamó la atención? 3. ¿Qué no entendiste? 4. ¿A qué hora del día te queda mejor leer? ¿Dónde? 5. ¿Qué crees que te podría impedir hacerlo?
Lo que probablemente te van a preguntar
«¿Cuál Biblia compro? Hay muchas.»
Explícale que son traducciones del mismo texto, unas con lenguaje más antiguo y otras más actual. Recomiéndale la que use su congregación, para que cuando lean juntos en el culto vaya siguiendo. Y si se puede, que sea de letra grande: se lee con más gusto.
«¿Tengo que leer todos los días?»
Dile que es una costumbre que se va construyendo, y que cinco minutos diarios rinden mucho. Si un día no puede, al siguiente sigue donde iba: no hay que reponer ni empezar de nuevo.
«Hay cosas que me parecen difíciles de entender.»
Reconócelo: hay pasajes difíciles, y a ti también te han costado. Dile que es una pregunta seria y que no está mal hacerla; que ayuda leer primero quién es Jesús; y que lleven juntos la pregunta al pastor o la pastora. Preguntar no es falta de fe.
«¿Y si me duermo o me aburro?»
Que cambie la hora, el lugar o el pedazo. Que lea en voz alta si se distrae. Que lea sentado, no acostado. Y que no se desanime: hay días así.
Para esta semana
- Seguir la tarjeta de los primeros 30 días: un pedacito por día.
- Anotar en el cuaderno lo que no entienda, para preguntarlo en el próximo encuentro.
- Usar las tres preguntas: qué dice de Dios, qué dice de las personas, qué tiene que ver conmigo hoy.
Cómo cerrar
Lean juntos en voz alta el primer día del plan, ahí mismo, antes de despedirse. Así arranca acompañado. Cierra orando por su semana.
Encuentro 3 · Cómo hablar con Dios (y qué hago cuando fallo)
Pasajes: Mateo 6:5-13, 1 Juan 1:9, Lucas 15:11-24
Lo que conviene que quede claro: a Dios se le habla con sencillez, y quien falla puede volver a él.
Materiales: Biblias, cuadernos, lápices.
Antes de verse
- Lee Mateo 6:5-13, 1 Juan 1:9 y Lucas 15:11-24 (el hijo que se fue).
- Este es un encuentro muy importante. Prepáralo con más calma que los otros.
- Si te sientes cómodo, puedes contarle cómo fue para ti volver a Dios después de fallar: suele ser lo que más ayuda hoy.
Cómo empezar
Pregunta cómo le fue con la lectura y responde lo que anotó. Dedícale tiempo de verdad: así la próxima semana vuelve a anotar. Después entra al tema con una pregunta directa: «¿Has orado esta semana? ¿Cómo te sentiste haciéndolo?» Muchas veces sale que le da pena, que no sabe qué decir o que siente que lo hace mal. Todo eso se responde hoy.
De qué se trata este encuentro
Orar es hablar
Lo primero es quitarle de encima la idea de que hay una manera correcta que él no sabe. Jesús enseñó a orar con sinceridad, no para que otros vean, y dio un modelo cortísimo.
«Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.» Mateo 6:8
Si él ya sabe, orar no es informarle nada ni convencerlo. Es estar con él.
Dile que puede hablarle como le habla a alguien que lo quiere: en voz alta o por dentro, en la calle o en la cama, con sus propias palabras.
Cuatro cosas que caben en cinco minutos
Dale una guía sencilla que quepa en el bolsillo: darle gracias por algo concreto, decirle lo que hizo mal, pedirle por otros, y pedirle por sí mismo. Está escrita en el cuaderno. Y aclárale que no hay que hacer las cuatro todos los días.
Cuando no hay respuesta
Va a pasar, y conviene anticiparlo. Dile que a veces la respuesta es no, a veces es todavía no, y a veces uno entiende mucho después. Que Dios escucha siempre, aunque la respuesta llegue de otra forma. Anímalo a seguir confiando.
Y ahora lo más importante: cuando falla
Este es el punto más delicado. Una persona nueva que falla puede sentir tanta vergüenza que deja de orar, deja de leer y deja de venir. Lo que la aleja no es la falta: es la vergüenza. Por eso este encuentro importa tanto.
Lean juntos la historia del hijo que se fue, en Lucas 15. Que la lea él en voz alta, si quiere. Haz notar dos detalles: que el papá lo vio cuando todavía estaba lejos, y que corrió: el papá corrió, no el hijo. Y hazle una pregunta: «¿Cuál era el plan del hijo?» Volver como sirviente, porque creía que ya no podía ser hijo.
«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.» 1 Juan 1:9
Explícale qué significa confesar, en palabras sencillas: decirle a Dios lo que hizo, con su nombre, sin excusas y sin adornos. Él perdona: no hay que ganarse el regreso. Si te sientes cómodo, cuenta aquí tu propia historia, corta y verdadera.
Dile esta frase tal cual: «El día que falles, lo más importante es no esconderte. Ese día es cuando más te ayuda orar y escribirme. No te desaparezcas.»
Preguntas para hacerle
1. ¿Has orado esta semana? ¿Cómo te sentiste? 2. ¿Qué te da pena o te cuesta cuando vas a orar? 3. ¿Le has pedido algo a Dios? ¿Qué ha pasado? 4. ¿Qué harías si mañana haces algo que sabes que está mal? 5. ¿Qué te pareció la historia del hijo que se fue?
Lo que probablemente te van a preguntar
«¿Cómo tengo que orar: arrodillado, con los ojos cerrados?»
Dile que a Dios se le puede hablar en cualquier lugar y de muchas maneras: arrodillado, de pie, manejando, lavando o caminando. Y que en su iglesia va a ir conociendo, sin apuro, cómo se ora juntos en el culto.
«¿Y si le pido algo y no pasa nada?»
Dile que a ti también te ha pasado. Explícale que la oración no es una manera de conseguir cosas, sino de estar con Dios, y que muchas veces lo que cambia primero es uno, no la circunstancia. Y que si algo no llega, eso no quiere decir que Dios no lo escuche.
«Volví a hacer lo mismo. ¿Sirvió de algo entonces?»
Es la pregunta más delicada de los cuatro encuentros. Escucha completo antes de responder. Dile que sí sirvió: que empezó una vida nueva con Dios, y que Dios perdona al que vuelve a él con sinceridad. Y anímalo a lo que le toca hoy: confesarlo, no esconderse, y contártelo. Hoy lo que necesita es ánimo.
«¿Dios se cansa de perdonarme?»
Dile con claridad que no. Muéstrale que en Lucas 15 el papá no lo recibe con reproches: manda a hacer fiesta. Dale tiempo, y déjale claro que puede volver a preguntarlo cuando quiera.
Para esta semana
- Orar cada día, aunque sean tres minutos, con las cuatro cosas del cuaderno.
- Seguir el plan de lectura.
- Escribir en el cuaderno una cosa que le pidió a Dios y una por la que le dio gracias.
Cómo cerrar
Oren los dos, en voz alta, uno después del otro, si él quiere. Si no, ora tú y dile que no hay apuro. Antes de despedirse, recuérdale: «Si esta semana fallas en algo, me escribes. No te desaparezcas.»
Encuentro 4 · Por qué no puedo hacer esto solo
Pasajes: Hechos 2:42-47, Hebreos 10:24-25, Marcos 5:19
Lo que conviene que quede claro: la iglesia es la familia donde la fe se sostiene. Y ahora hay alguien al lado suyo, también.
Materiales: Biblias, cuadernos, el certificado ya lleno, y la información de las actividades de la iglesia.
Antes de verse
- Lee Hechos 2:42-47 y Hebreos 10:24-25.
- Llena el certificado antes del encuentro, con su nombre bien escrito.
- Lleva por escrito los días, las horas y el lugar de las actividades a las que puede ir.
- Habla con el pastor o la pastora antes de este encuentro y dile que esta persona está lista para ser presentada.
Cómo empezar
Pregunta cómo le fue con la oración y responde lo que haya anotado. Después haz una pregunta que abre todo el encuentro: «¿Cómo te has sentido en la iglesia? Dime la verdad, incluso lo incómodo.» Van a salir cosas útiles: que no conoce a nadie, que no entiende algunas palabras, que no sabe cuándo pararse, que se siente mirado. Todo eso es normal: escúchalo con calma.
De qué se trata este encuentro
Lo que hacían al principio
Lean Hechos 2:42-47. Que se fije en cuatro cosas que hacían: aprendían juntos, se reunían, comían juntos y oraban juntos. Es la descripción de gente que no podía estar separada.
Por qué solo no se puede
Dilo de la manera más simple: nadie aprende a caminar en una fe nueva estando solo. Las preguntas se responden con otros, el ánimo se recupera con otros, y las semanas malas se pasan con otros.
«No dejando de congregarnos... sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.» Hebreos 10:25
Fíjate para qué dice que sirve juntarse: para animarnos unos a otros.
Qué esperar de la iglesia
Conviene ser honesto. Dile que va a encontrar hermanos que lo van a querer de verdad, y otros con los que le costará más. Que alguien puede decepcionarlo en algún momento, y que va a haber cosas que no entienda al principio. Y dile la razón: la iglesia está hecha de gente en proceso, igual que él. No llegó a un lugar de perfectos; llegó a un lugar de gente que Dios va transformando.
La frase que hay que decirle: «Si un día alguien de aquí te falla, no te vayas de Dios por eso. Ven y me lo dices. Ninguno de nosotros es la razón por la que estás aquí.»
Cómo entrar sin sentirse extraño
Cosas prácticas: preséntale a tres personas por nombre antes del próximo culto. Siéntate con él. Dile de antemano qué va a pasar en el culto y cuánto dura. Explícale las palabras nuevas cuando salgan. Y llévalo a algo pequeño —un grupo, una reunión en una casa, una actividad— además de los cultos. En lo pequeño se hacen los amigos.
Y ahora: alguien al lado suyo
Cierra el ciclo. Esa persona llegó porque alguien se le acercó. Hoy le toca saber que ella también tiene gente al lado.
«Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo.» Marcos 5:19
Solo hazle una pregunta y déjala ahí: «¿Quién de tu casa o de tu calle está donde estabas tú hace un mes?» Si quiere ir más allá, cuéntale que existe un curso de cuatro semanas para eso mismo, y que cuando esté listo puede hacerlo.
Preguntas para hacerle
1. ¿Cómo te has sentido en la iglesia? Dime también lo incómodo. 2. ¿A quién conoces ya por nombre? 3. ¿Qué te ha parecido raro o no has entendido? 4. ¿Qué te haría más fácil venir? 5. ¿Quién de tu casa o de tu calle está donde estabas tú hace un mes?
Lo que probablemente te van a preguntar
«¿Cuántas veces tengo que ir a la iglesia?»
Dile que congregarse es parte de la vida con Dios, porque uno lo necesita. Que empiece con constancia, en los cultos de su iglesia, y que lo converse con el pastor o la pastora, que le va a explicar cómo es la vida de la congregación.
«Hay gente en la iglesia que no me cae bien, o que sé cómo vive.»
Escúchalo sin entrar en el chisme. Dile que la iglesia está llena de gente en proceso, y que con él también van a necesitar paciencia. Que no tiene que ser amigo de todos, pero sí cuidarse de hablar mal por detrás.
«¿Y si me preguntan algo de la Biblia y no sé?»
«No lo sé todavía, tengo poco tiempo en esto.» Esa frase es suficiente, y es verdad. Dile que nadie espera que sepa todo, que tú también tienes preguntas, y que en la iglesia hay gente que lleva veinte años y sigue preguntando.
Para esta semana
- Seguir con la lectura y la oración: ya no es tarea, es la vida de ahora en adelante.
- Ir a la próxima actividad acompañado por ti.
- Aprenderse tres nombres nuevos de la iglesia.
Cómo cerrar
Entrégale el certificado: léelo en voz alta con su nombre completo y dáselo en la mano, mirándolo. Después dile lo que de verdad importa hoy: que esto no se acaba aquí, que tú sigues estando y que le vas a seguir escribiendo. Fijen desde ya cuándo se van a volver a ver: un día concreto. Y preséntalo al pastor o la pastora antes de que termine esa semana.
Después del cuarto encuentro
Estas cuatro cosas ayudan a que la persona siga creciendo, y ninguna cuesta dinero.
1. Sigue escribiéndole. Un mensaje por semana durante los tres meses siguientes. No hace falta que sea espiritual: basta con «¿cómo vas?». 2. Siéntate con él en el culto durante un mes más. Después ya va a tener con quién. 3. Preséntalo a alguien de su edad o de su misma situación. Hacer un amigo ayuda mucho a quedarse. 4. Si se aleja, búscalo con cariño y sin reclamo: «te extrañé, ¿todo bien?». Muchos de los que se alejan esperan que alguien lo note.
Si te hace falta
Si en un encuentro aparece algo que no sabes cómo manejar, conversa con el pastor o la pastora de tu iglesia. Ellos pueden orientarte.
«El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará.»
Filipenses 1:6
Puede reproducirse libremente para uso de tu congregación. El texto bíblico conserva los derechos de su editor.
¡Dios te bendiga!