
Guía del pastor o la pastora
A quién asignar, cómo montarlo, y qué hacer cuando alguien se aleja
Lo que este material ofrece
Este material ayuda con lo que pasa la semana siguiente a una decisión por Cristo.
Le da a un hermano, aunque no tenga formación especial, algo concreto que hacer con esa persona durante cuatro semanas.
No busca formar discípulos maduros en un mes. Busca que quien decidió seguir a Cristo eche raíz en esas primeras semanas, que son las más delicadas.
Por qué el acompañamiento uno a uno
Conviene tener claro el fundamento.
2 Timoteo 2:2: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.» Fíjate en el orden que pone Pablo: fieles primero, idóneos después. Ese orden es el criterio para escoger al acompañante, como verás abajo.
1 Tesalonicenses 2:8 describe qué tipo de entrega es esta: «tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas.» No es solo transmitir información: es alguien que se queda.
Y sobre por qué los primeros días importan tanto: en la parábola del sembrador, Jesús habla de los que reciben la palabra con gozo, pero no tienen raíz, y en la prueba se apartan (Lucas 8:13). No es falta de sinceridad: es falta de raíz, y la raíz se echa acompañado.
A quién asignar como acompañante
Esta es la decisión más importante. Más que al que más sabe, escoge al que más escucha (2 Timoteo 2:2: fiel primero).
Quién sirve mejor
- Alguien que cumple. Si queda un jueves, está el jueves. Esto pesa más que cualquier conocimiento bíblico.
- Alguien capaz de decir «no lo sé» sin incomodarse.
- Alguien parecido en edad, en situación o en historia. Un hombre de cuarenta con otro de cuarenta. Una mujer joven con otra mujer joven.
- Alguien que se acuerde de cómo fueron sus propios comienzos, incluidas las partes difíciles.
Para otro momento
- Quien disfruta más enseñando que escuchando puede servir mejor en otra tarea: aquí la persona nueva necesita conversación más que clase.
- Quien está atravesando una crisis propia necesita primero cuidarse. Acompañar cansa.
Regla de seguridad, sin excepciones
Hombre con hombre y mujer con mujer. Si es un matrimonio acompañando a otro, mejor. Y siempre en un lugar visible o público, nunca a solas en una casa vacía. Si es menor de edad, el acompañamiento se hace con permiso de su representante, en la iglesia y a la vista; con niños, con su familia presente.
Esto no es desconfianza: protege a las dos personas y protege a la iglesia. Pablo lo aplicaba a sí mismo: en 2 Corintios 8:20-21 explica que viajaba acompañado al manejar la ofrenda, procurando hacer las cosas honradamente delante del Señor y también delante de los hombres.
Cómo montarlo
- Asigna el acompañante en la misma semana de la decisión. Cuanto antes empiece, mejor.
- Imprime el cuaderno antes del primer encuentro.
- Consigue una Biblia para el nuevo creyente en la primera semana.
- Pídele al acompañante que te avise cuando termine, para presentar a la persona en la iglesia y entregarle el certificado.
- Un acompañante, una persona a la vez. Así nadie se sobrecarga.
Lo que te va a llegar a ti
1. Preguntas que el acompañante no supo responder
Es buena señal: significa que el acompañante está siendo honesto.
Respóndelas pronto, esa misma semana. Así el acompañante sigue confiando en traerlas.
2. Alguien que falló y siente vergüenza
Suele pasar en la tercera o cuarta semana. Es un momento delicado: lo que más aleja no es la falta, sino la vergüenza.
Si te llega alguien así, atiéndelo primero. Gálatas 6:1 da el tono: restaurar con mansedumbre, sabiendo que cualquiera puede caer.
Cuando alguien se aleja
Va a pasar, y lo que se haga en los primeros quince días importa mucho.
- Que el acompañante escriba una vez, con cariño y sin reclamo: «te extrañé, ¿todo bien?». Muchos de los que se alejan esperan que alguien lo note.
- Si no responde, que escriba otra vez a la semana. Dos veces bastan.
- Si sigue sin responder, ve tú. Una visita sin agenda, solo a saludar.
- Y deja la puerta abierta. Muchos vuelven meses después.
Aquí ayuda recordar Lucas 15:20: el padre esperaba, y cuando vio venir a su hijo de lejos, corrió. Esperar con la puerta abierta es lo que hace posible que el otro vuelva sin sentirse presionado.
Cuida su privacidad: que lo busque una sola persona, con discreción, y sin mencionarlo en público.
De dónde vienen estas personas
Este material recibe a quienes toman una decisión gracias a los otros dos recursos de esta biblioteca: la escuela bíblica «Constructores» y el curso de evangelismo «El que está al lado».
Si vas a dar el curso de evangelismo, ten este material listo antes de terminarlo: así, quien se decida encontrará a alguien esperándolo.
«El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará.» Filipenses 1:6
¡Dios te bendiga!