
Guía del pastor o la pastora
Lo que este curso ofrece, cómo montarlo, y lo que te va a llegar a ti
Lo que este curso ofrece
Este curso ayuda con algo concreto: muchos hermanos quieren hablar de Jesús y no saben cómo empezar. En cuatro semanas cada uno sale con cinco nombres, una lista de oración y una conversación iniciada.
Es un paso, no una fórmula de crecimiento: no garantiza resultados ni reemplaza el acompañamiento pastoral. Presentarlo así, como lo que es, ayuda a que tu gente confíe también en los próximos cursos.
Por qué el curso está armado así
Vale la pena que conozcas el criterio antes de presentarlo, porque de ahí sale casi todo lo demás.
En el Nuevo Testamento, el evangelio avanza muchas veces de persona a persona. En Juan 1, Andrés va por su hermano Simón; Felipe va por Natanael, alguien que ya conocía. Y cuando Natanael responde con una duda —«¿De Nazaret puede salir algo de bueno?»— Felipe no discute: dice «Ven y ve» (Juan 1:46). Tres palabras. La convicción llegó después de ir.
Ese es el método del curso: cinco nombres conocidos y una conversación.
Y sobre a quién le toca el resultado, está 1 Corintios 3:6-7: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.» Ese versículo tiene dos caras, y conviene predicar las dos: nadie puede atribuirse un resultado, y nadie tiene que cargar con la ausencia de uno.
Hay un tercer pasaje que te va a servir cuando alguien llegue paralizado: Marcos 5:19. El hombre que Jesús liberó quiere irse con él, y Jesús le dice: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo.» Lo mandó a su casa, con su historia. Ese hombre no sabía teología: sabía lo que le había pasado, y con eso bastó.
Cómo montarlo
Antes
- Escoge al facilitador. No tiene que ser el pastor o la pastora: puede ser cualquier líder que sepa escuchar.
- Fija las cuatro fechas de una vez y anúncialas juntas. Las fechas fijas ayudan a que la gente llegue hasta el final. Una hora por sesión, un día fijo de la semana, cuatro semanas seguidas: ese es el ritmo pensado, porque la tarea entre semana es la mitad del curso.
- Imprime un cuaderno por participante. Es la única pieza que hay que imprimir sí o sí.
- Anúncialo por el grupo de WhatsApp de la iglesia con los mensajes que trae la pieza de difusión.
Durante
- Sillas en círculo. Empieza y termina a la hora: si la gente sabe que sale a tiempo, vuelve.
- La sesión es para practicar. La predicación ya la reciben en el culto; aquí se conversa y se ensaya.
- Fíjate en el que no habla nunca y búscalo aparte, con discreción.
Después
- Entrega el certificado a quien asistió al menos a tres de las cuatro sesiones.
- Una vez al mes, en el culto o por WhatsApp, recuerda orar por los cinco. Nombrar la lista de vez en cuando la mantiene viva.
- Una reunión de seguimiento a los dos meses, de una hora, sin contenido nuevo: solo contar qué pasó.
- Repite el curso en seis meses y pídele a alguien del primer grupo que lo facilite.
Lo que te va a llegar a ti
Prepárate para tres cosas que le tocan al pastor o la pastora, más que al facilitador.
1. Hermanos con un peso de culpa
En la sesión 1 suele salir a la superficie: hermanos que cargan culpa por no haber hablado antes. Ese peso no los ayuda a hablar; los paraliza.
Ayúdalos a soltarlo desde el púlpito, con el versículo: uno planta, otro riega, el crecimiento lo da Dios. El resultado no depende de ellos.
2. Conversaciones que se van a abrir
Alguno de los cinco de algún hermano va a mostrar interés real, y ese hermano va a necesitar ayuda para acompañar a una persona que está tomando una decisión de vida.
Entra tú, o manda a un líder. En este punto el curso pasa del facilitador a ti.
3. Personas nuevas en tu iglesia
Y ahí aparece la pregunta que conviene responder antes de empezar el curso: ¿qué van a hacer con ellas?
Tener algo preparado para el que llega hace que el trabajo de tus hermanos dé fruto.
Sobre el registro
La pieza «Registro interno de la iglesia» te permite llevar la cuenta del curso. Tiene un criterio pensado a propósito, y conviene conocerlo antes de usarla.
Se mide lo que cada persona sí controla: si oró, si se acercó, si habló, si invitó. Así nadie carga con un resultado que le toca a Dios, como dice 1 Corintios 3.
Las decisiones también se anotan, porque hacen falta para el seguimiento, en un renglón aparte. Los números de cada hermano se guardan en privado: así nadie se siente comparado.
Si tu iglesia ya lleva estadísticas, el registro de este curso está pensado para sumarse a tus planillas de asistencia y membresía.
Qué sigue después de este curso
Este curso produce conversaciones, y las conversaciones producen decisiones. La pregunta inmediata es qué hacer con la persona que acaba de decidir seguir a Cristo.
Para eso está el siguiente recurso de esta biblioteca: «¿Y ahora qué?», un material de cuatro encuentros para acompañar al nuevo creyente. Descárgalo en audiovisionmusical.com y tenlo listo antes de terminar este curso.
«Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales.» Marcos 5:19
¡Dios te bendiga!