
Guía de clase · Primarios (6 a 8 años)
Las cinco clases desarrolladas, listas para dar
Cómo usar esta guía
Cada día trae la clase completa: la preparación, el arranque, la historia contada tal como se la puede contar a un niño de esta edad, las preguntas, la actividad y el cierre. No tienes que inventar nada; solo léela antes, en voz alta, y hazla tuya. La clase dura cuarenta y cinco minutos, pero a esta edad la atención no aguanta cuarenta y cinco minutos seguidos de nada. Por eso cada clase alterna: escuchar, responder, moverse, hacer con las manos. Respeta ese ritmo aunque te parezca que se pierde tiempo: no se pierde, se gana.
Claves de esta edad
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Aguantan escuchando entre ocho y doce minutos seguidos. Después de eso conviene cambiar de actividad.
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Están aprendiendo a leer. Pide que lea en voz alta solo quien se ofrezca: así nadie pasa un mal rato delante de los demás.
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Piensan en concreto. Nada de «Dios es fiel en abstracto»: hay que mostrarlo con una historia, un objeto, algo que se toque.
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Quieren agradar al maestro. Eso es una responsabilidad: lo que tú celebres, ellos lo van a repetir.
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Repiten todo lo que oyen. El versículo se aprende repitiéndolo con ritmo, con palmas, con gestos, muchas veces.
Clave práctica: cuenta la historia mirándolos a los ojos. Puedes tener la guía en la mano para no perderte, y levantar la vista a menudo: así los niños de esta edad siguen contigo.
Día 1 · Alguien tenía que llorar
Pasaje: Nehemías 1
Versículo de memoria: «Me senté y lloré.» Nehemías 1:4
Verdad central: A Dios le importa lo que está roto, y busca a alguien que también lo sienta.
Materiales: Un ladrillo o piedra, un juguete roto, hojas, creyones, ladrillos de papel.
Antes de la clase
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Lee Nehemías 1 dos veces.
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Lleva un ladrillo o una piedra grande, y un juguete roto o algo partido.
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Aprende los nombres de tus niños hoy mismo.
Para empezar (5 minutos)
Muestra el juguete roto. Pregunta: «¿Qué le pasó a esto?» Deja que digan. Pregunta: «¿A alguno se le ha roto algo que quería mucho? ¿Cómo se sintieron?» Escucha dos o tres. Di: «Hoy vamos a conocer a un señor que un día se enteró de que algo muy grande se había roto, y se puso muy triste. Se llamaba Nehemías. Repitan conmigo: Ne-he-mí-as.» Que lo repitan juntos tres veces.
La historia
Nehemías vivía muy, muy lejos de su casa. Vivía en el palacio de un rey, y tenía un trabajo importante: le servía la bebida al rey. Nehemías vivía bien. Tenía comida, tenía casa, tenía todo. Un día llegó su hermano de un viaje muy largo, y Nehemías le preguntó: «¿Cómo está mi ciudad? ¿Cómo está mi gente?» Y el hermano le dio una noticia muy triste. Le dijo: la ciudad está destruida. La pared que la protegía está en el suelo, toda caída, y las puertas están quemadas.
Muestra el ladrillo. Di: «Esa pared estaba hecha de ladrillos como este. Y estaba toda tumbada, así.» Pon el ladrillo en el piso, acostado. Que lo vean.
¿Y saben qué hizo Nehemías? Se sentó en el piso y lloró. Lloró mucho. Y estuvo triste varios días. Nehemías podía haber dicho: bueno, yo estoy bien, yo vivo lejos, eso no es mi problema. Pero no dijo eso. A él le dolió. Y entonces hizo algo muy importante: se puso a hablar con Dios. Le contó todo. Le dijo: Dios, mi ciudad está caída, ayúdame. Y le pidió una cosa: Dios, ayúdame a hablar con el rey. Nehemías todavía no sabía cómo lo iba a arreglar. Pero ya había empezado, porque lo primero que hizo fue orar.
Conversemos
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¿Qué le pasó a la pared de la ciudad de Nehemías?
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¿Qué hizo Nehemías cuando se enteró?
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¿Ustedes se han puesto tristes por algo que le pasó a otra persona?
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¿Qué hizo Nehemías después de llorar?
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¿A quién le podemos contar nosotros las cosas que nos ponen tristes?
Actividad: mi dibujo (12 minutos)
Reparte hojas y creyones. Cada niño dibuja algo que a él le pone triste: puede ser una persona, un animal, una situación de su casa o de su calle. Mientras dibujan, pasa por los puestos y pregúntales qué es. Escúchalos. Este momento vale mucho para conocer a tus niños. Guarda los dibujos. El viernes se los vas a devolver. Si algún dibujo te deja inquieto por algo, conversa con el pastor o la pastora de tu iglesia, que podrán orientarte.
Para la vida
Dios sabe todo lo que está roto y a Dios le importa. Y muchas veces Dios usa a un niño o a una persona para arreglar lo que está roto. Cuando algo te ponga triste, no te lo guardes: cuéntaselo a Dios, como hizo Nehemías. Dios siempre escucha. Cada niño pega su ladrillo con su nombre en el muro de la pared antes de salir.
Oración final
Señor Jesús, gracias porque tú nos escuchas cuando estamos tristes. Ayúdanos a querer a la gente como tú la quieres. Amén.
Día 2 · El plan antes del martillo
Pasaje: Nehemías 2
Versículo de memoria: «Venid, y edifiquemos.» Nehemías 2:17
Verdad central: Antes de hacer algo grande, hay que pensarlo y pedirle ayuda a Dios.
Materiales: Vasos plásticos o bloques, papel, creyones, ladrillos de papel.
Antes de la clase
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Lee Nehemías 2 completo.
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Consigue vasos plásticos, cajitas o bloques para la dinámica de la torre.
Para empezar (7 minutos)
Divide en dos equipos. Los dos van a hacer una torre con los vasos. Al equipo A dile «¡ya, corran!». Al equipo B dile: «Primero cuenten hasta veinte pensando cómo la van a hacer, y después empiezan.» Vean cuál torre queda mejor. Lo más probable es que gane el que pensó primero. Di: «Hoy vamos a ver que Nehemías no empezó a construir de una vez. Primero pensó, y le pidió ayuda a Dios y al rey.»
La historia
¿Se acuerdan de Nehemías? El señor que lloró porque la pared de su ciudad estaba caída. Nehemías estuvo muchos días orando. Y estaba tan triste que se le notaba en la cara. Un día le estaba sirviendo al rey y el rey le vio la cara y le dijo: «¿Por qué estás triste?» Nehemías se asustó mucho, porque delante del rey uno tenía que estar contento siempre. Pero le dijo la verdad: «Estoy triste porque la ciudad de mi familia está destruida.» Y el rey le hizo una pregunta muy grande: «¿Qué quieres que yo haga?»
Detente. Pregunta: «Si el rey les preguntara a ustedes qué quieren, ¿qué le pedirían?» Deja que digan. Se van a divertir.
Y aquí pasa algo muy bonito. Antes de contestar, Nehemías hizo una oración chiquitica, así de rápido, en su corazón. Y después le contestó al rey. Le dijo: «Déjame ir a mi ciudad a construir la pared otra vez.» Y le pidió tres cosas más: cartas para poder pasar por el camino, madera para las puertas, y tiempo. ¿Y saben qué hizo el rey? Le dijo que sí a todo. Nehemías viajó muchísimos días hasta llegar a Jerusalén. Y cuando llegó, ¿saben qué hizo? Nada. Se esperó tres días. Y a la tercera noche, cuando todos estaban durmiendo, se montó en su animal y salió a mirar la pared caída, él solito con unos poquitos amigos, para ver qué tan mal estaba. Había tantas piedras tiradas que en un pedazo el animal no podía ni pasar. Y ya después de mirarlo todo, reunió a la gente y les dijo: «¡Vengan, vamos a levantar la pared!» Y la gente le dijo: «¡Vamos!»
Conversemos
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¿Qué le preguntó el rey a Nehemías?
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¿Qué hizo Nehemías antes de contestarle al rey?
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¿Por qué salió de noche a mirar la pared?
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¿Qué le pidió Nehemías al rey?
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¿Ustedes le piden ayuda a Dios antes de hacer las cosas?
Actividad: yo también puedo (10 minutos)
Cada niño dibuja algo que quiere aprender a hacer o algo que quiere ayudar a arreglar en su casa. Luego, uno por uno, dicen en voz alta: «Yo quiero ______, y le voy a pedir ayuda a ______.» Celebra cada respuesta.
Para la vida
Cuando queremos hacer algo grande, hay tres cosas que ayudan: pedirle a Dios, pensar bien cómo, y pedir ayuda a alguien que sí puede. Nehemías hizo las tres. Nosotros también podemos. Peguen su ladrillo en el muro.
Oración final
Señor, gracias porque tú nos ayudas cuando te pedimos. Enséñanos a pedirte a ti primero. Amén.
Día 3 · Cada quien su tramo
Pasaje: Nehemías 3
Versículo de memoria: «Cada uno enfrente de su casa.» Nehemías 3:28
Verdad central: Todos somos necesarios, aunque cada uno haga un pedacito.
Materiales: Un rompecabezas casero, marcadores, ladrillos de papel grandes.
Antes de la clase
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Lee Nehemías 3.
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Prepara un rompecabezas: un dibujo grande cortado en tantas piezas como niños. Esconde una.
Para empezar (7 minutos)
Dale una pieza a cada niño y pídeles que armen el dibujo entre todos en el piso. Cuando lo terminen, hazles notar que falta una pieza. Muéstrala. Pregunta: «¿Esta pieza sola sirve de algo?» No. «¿Y se nota cuando falta?» Sí. Di: «Ninguna pieza sirve sola, y ninguna pieza sobra. Hoy vamos a ver quiénes construyeron la pared de Nehemías.»
La historia
Cuando Nehemías dijo «vamos a construir la pared», la gente le dijo que sí. Pero eran muchísimas piedras y la pared era larguísima. ¿Cómo lo hicieron? Muy fácil: cada uno agarró un pedacito. Uno agarraba este pedazo, el vecino agarraba el que seguía, el otro el que seguía. Y así toda la pared, completa. ¿Y saben quiénes trabajaron? Esto es lo más bonito. Trabajaron los sacerdotes, que servían en el templo. Ellos no eran albañiles, pero ahí estaban cargando piedras. Trabajaron los plateros, que labraban el oro y tenían las manos finas. Trabajaron los que vendían perfume. Trabajaron los que vendían cosas en el mercado.
¡Y trabajó un señor con sus hijas! Sus hijas también levantaron la pared, y la Biblia lo cuenta.
Ponlos de pie. Formen una fila y pásense algo de mano en mano de un lado del salón al otro, como una cadena. Después diles: «Así construyeron la pared.»
Y hay una cosa que dice la Biblia muchas veces: cada uno construyó el pedazo que le quedaba enfrente de su casa. No fueron a buscar el pedazo más bonito ni el más importante. Agarraron el que tenían delante. Y así, entre gente de todos los oficios, la pared quedó lista.
Conversemos
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¿Quiénes ayudaron a construir la pared?
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¿Sabían construir? ¿Y ayudaron igual?
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¿Qué pedazo agarró cada uno?
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¿Qué cosas saben hacer ustedes?
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¿En qué pueden ayudar en su casa?
Actividad: mi ladrillo (12 minutos)
Entrega a cada niño un ladrillo de papel grande. Cada uno dibuja o escribe una cosa que él sabe hacer o en la que puede ayudar. Si algún niño dice que no sabe hacer nada, ayúdalo con cariño: seguro sabe cantar, cargar, guardar los juguetes, ayudar a alguien, hacer reír. Cuida que cada niño tenga su respuesta. Peguen todos los ladrillos juntos, pegaditos, formando una pared. Que se vea que ninguno está solo.
Para la vida
Todos ustedes son necesarios. No hay ninguno que sobre. Nadie tiene que hacer la pared entera. Cada uno hace su pedacito, y entre todos queda lista. Busquen esta semana su pedacito: en su casa, con un amiguito que esté solo.
Oración final
Señor, gracias porque tú nos necesitas a todos. Ayúdanos a ayudar. Amén.
Día 4 · Los que se burlan
Pasaje: Nehemías 4
Versículo de memoria: «Nuestro Dios peleará por nosotros.» Nehemías 4:20
Verdad central: Cuando se burlan de nosotros, oramos y seguimos.
Materiales: Algo para cargar, papelitos, creyones, ladrillos de papel.
Antes de la clase
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Lee Nehemías 4.
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Piensa en un ejemplo verdadero tuyo de cuando se burlaron de ti. Lo vas a contar. Un ejemplo real vale más que diez explicaciones.
Para empezar (6 minutos)
Construye tú una torrecita y pídeles a los niños que, de juego, te digan «no vas a poder», «te va a quedar feo». Para a los treinta segundos. Cuéntales cómo se siente oír eso, aunque sea de juego, y pregúntales si les gustó decirlo. Di: «Eso que hicimos de mentira, a Nehemías se lo hicieron de verdad.»
La historia
Cuando la gente empezó a construir la pared, aparecieron unos señores que no querían que la pared se levantara. Se llamaban Sanbalat y Tobías. ¿Y qué hicieron? No los golpearon. Hicieron algo que a veces duele más: se burlaron. Sanbalat dijo, delante de mucha gente: «¿Qué están haciendo estos débiles? ¡No van a poder!» Y Tobías dijo algo todavía más feo: «Esa pared está tan mala que si se le sube un zorrito encima, se cae.»
Pregunta. «¿Alguna vez alguien se ha burlado de ustedes?» Deja que respondan. Escucha con seriedad y con calma.
¿Y saben qué hizo Nehemías? Dos cosas.
Primero, oró. Le contó a Dios lo que estaba pasando. Y segundo, siguió trabajando. Y puso gente cuidando, de día y de noche. Pero después pasó algo peor que la burla. La gente que estaba trabajando se cansó. Y empezaron a decir: «Ya no podemos, son muchas piedras, estamos muy cansados.» Entonces Nehemías los reunió a todos y les dijo la frase más importante de hoy: «No tengan miedo. Acuérdense de que nuestro Dios es grande. Y él va a pelear por nosotros.» Y siguieron construyendo. Cansados, pero siguieron.
Conversemos
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¿Qué le dijeron los señores malos a la gente que estaba construyendo?
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¿Qué hizo Nehemías cuando se burlaron?
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¿Por qué se cansó la gente?
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¿Qué les dijo Nehemías para que no se rindieran?
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¿Qué podemos hacer nosotros cuando alguien se burla de nosotros?
Actividad: lo que Dios dice de mí (12 minutos)
Dale a cada niño un papel. De un lado dibujan una carita triste; del otro, una carita feliz. Del lado triste no escriben nada. Del lado feliz, tú les dictas —y ellos copian o repiten en voz alta— una verdad sencilla: «Dios me hizo», «Dios me quiere», «Yo sí puedo con la ayuda de Dios». Que se lleven el papel a su casa.
Para la vida
Cuando alguien se burla de ti, tú no eres lo que esa persona dice. Tú eres lo que Dios dice. Y cuando estés cansado, acuérdate: Dios pelea por ti. Peguen su ladrillo en el muro.
Oración final
Señor, cuando se burlen de nosotros, ayúdanos a no ponernos tristes por mucho tiempo. Recuérdanos que tú nos quieres y que tú peleas por nosotros. Amén.
Día 5 · ¡Terminado!
Pasaje: Nehemías 6:15-16 y 8:1-12
Versículo de memoria: «El gozo de Jehová es vuestra fuerza.» Nehemías 8:10
Verdad central: Dios termina lo que empieza, y eso se celebra.
Materiales: Los dibujos del día 1, últimos ladrillos, algo rico para celebrar.
Antes de la clase
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Lee Nehemías 6:15-16 y el capítulo 8.
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Busca los dibujos del lunes.
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Hoy es el último día, y el pastor o la pastora de la iglesia hace la invitación. Tú acompaña a los niños con cariño y con calma: cada uno responde a su ritmo. Si un niño se queda a hablar contigo, que sea a la vista, con otro adulto cerca.
Para empezar (5 minutos)
Llévalos frente al muro de la pared. Está casi lleno. Pregunta: «¿Se acuerdan cómo estaba esta pared el lunes?» Déjalos hablar y celebrar lo que hicieron.
La historia
La pared de Jerusalén llevaba más de cien años caída. ¡Cien años! Nadie había podido levantarla. Nehemías y esa gente la levantaron en cincuenta y dos días. ¡Menos de dos meses! Y cuando los señores que se burlaban vieron la pared terminada, se quedaron callados. Porque entendieron una cosa: eso no lo hicieron ellos solos. Lo hizo Dios. ¿Y saben qué hicieron cuando terminaron? Ustedes se imaginan que hicieron una fiesta grandísima, ¿verdad? Bueno, sí. Pero primero hicieron otra cosa. Toda la gente se juntó en la plaza y le pidieron a un señor que se llamaba Esdras que trajera el libro de la Palabra de Dios. Y Esdras se paró y leyó la Palabra de Dios en voz alta, desde temprano en la mañana hasta el mediodía. ¡Y toda la gente estuvo parada escuchando todo ese tiempo!
Y mientras escuchaban, se pusieron a llorar. Y Nehemías les dijo: «No lloren. Hoy es un día alegre. ¡Vayan, coman rico, tomen algo dulce y hagan fiesta!» Y les dijo una cosa más: «Manden comida a los que no tienen nada preparado.» Así que en la fiesta se acordaron de los que no tenían. «El gozo de Jehová es vuestra fuerza.» Nehemías 8:10
Conversemos
- ¿En cuántos días terminaron la pared? 2. ¿Qué hicieron primero cuando terminaron? 3. ¿Por qué lloraba la gente? 4. ¿Qué les dijo Nehemías que hicieran? 5. ¿A quién le mandaron comida?
Actividad: mi dibujo del lunes (10 minutos)
Devuelve los dibujos del primer día. Pídeles que le hagan un dibujito más pequeño al lado: una cosa que ellos pueden hacer para ayudar con eso que les da tristeza. Peguen el último ladrillo en el muro y mírenlo terminado todos juntos. Aplaudan.
Para la vida
Esta semana hablamos de una pared que estaba caída y Dios la levantó. Pero hay algo más importante que una pared: nuestro corazón, que se rompe cuando hacemos cosas malas y nos separamos de Dios. Jesús vino para arreglar eso. Él murió en la cruz por nosotros y resucitó, y ahora podemos ser amigos de Dios para siempre. Hoy el pastor o la pastora de la iglesia les va a hacer una invitación. Escuchen con calma.
Oración final
El maestro la dice en voz alta, según la costumbre de su iglesia. Quien quiera, la repite en voz baja o en su corazón; no se repite en coro.
Señor Jesús, gracias por esta semana. Gracias porque nos quieres y quieres ser nuestro amigo para siempre. Ayúdanos a construir contigo. Amén.
«Venid, y edifiquemos.» Nehemías 2:17
¡Dios te bendiga!