
Cómo acompañar a un niño que perdió a alguien
Palabras claras y cercanas para acompañarlo
| Para quién | Maestros de niños, padres y líderes |
| Nivel | Inicial |
| Se lee en | Cinco minutos |
Un niño de tu clase perdió a alguien que quería, y quizá no sabes qué decirle. Ese niño necesita, más que nada, un adulto que se quede cerca y le permita hablar de lo que pasó.
No hace falta tener la respuesta. Hace falta quedarse.
Lo que la Biblia hace con el dolor
Vale la pena mirar cómo trata la Escritura la tristeza, porque nos enseña a acompañar a un niño triste.
Juan 11:35 —el versículo más corto de la Biblia— dice que Jesús lloró. Estaba frente a la tumba de Lázaro, y sabía perfectamente que iba a resucitarlo minutos después. Tenía la buena noticia en la mano y aun así lloró primero. No consoló con el final feliz que él mismo conocía. Lloró con los que lloraban.
Esa es la ficha entera, en un versículo. Un niño no necesita que le adelantes el final: necesita que alguien esté triste con él.
Romanos 12:15 lo vuelve mandato: «Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.» Pide acompañar el llanto.
Y hay un tercer detalle que suele sorprender: muchos Salmos son lamentos. Salmo 13 empieza «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?». Dios dejó eso en su libro. No lo editó ni lo suavizó. Un niño que aprende que se puede estar triste delante de Dios está aprendiendo algo profundamente bíblico, no una debilidad que superar.
Lo que ayuda decir
- «Estoy muy triste por lo que pasó.» Que te vea triste le da permiso de estarlo. Es lo que hizo Jesús en Juan 11:35.
- «Nada de esto es culpa tuya.» Dicho con calma, le quita un peso.
- «Puedes llorar, y también puedes jugar. Las dos cosas están bien.» Un niño puede reír a los diez minutos de llorar, y eso es normal — pero necesita saber que no está mal.
- «Puedes preguntarme lo que quieras.» Y cumple.
- «Yo no sé eso.» Cuando no sepas. Es mejor que inventar.
Cómo cuidarlo con tus palabras
- Habla de Dios como quien lo cuida. Que el niño sepa que Dios lo ama, que está con él y que entiende su tristeza.
- Déjale ser niño. Las cargas de la casa son de los adultos; él necesita jugar, llorar y ser cuidado.
- Dale permiso para sentir. «Puedes estar triste» le enseña que sentir está bien.
- Si él quiere, recuerden juntos a esa persona. Nombrarla con cariño le dice que de eso se puede hablar contigo.
En la clase
- Pide permiso a la familia antes de comentarlo con el grupo.
- Trátalo igual que siempre. Tu cariño puede ser discreto: así se siente uno más.
- Prevé que se quiebre en medio de una actividad. Sácalo a un costado, sin aislarlo, con otro adulto cerca. Agáchate a su altura y quédate. No hace falta que digas nada.
- Déjalo dibujar. Un niño cuenta dibujando lo que no puede decir.
- Ora por él por nombre, en corto, si él quiere.
Si pregunta por Dios
Cuando el niño pregunte, responde con sencillez lo que es seguro: que Dios es bueno, que lo ama y que está cerca de él en su tristeza. Para las preguntas más grandes, puedes decirle: «esa pregunta se la hacemos juntos al pastor o a la pastora».
Y recuerda Juan 11: se puede tener esperanza y estar triste al mismo tiempo.
Si te hace falta
Si en tu clase se presenta una situación que no sabes cómo manejar, conversa con el pastor o la pastora de tu iglesia. Ellos pueden orientarte y acompañar a la familia.
Lo que esto construye con el tiempo
Un niño que pudo estar triste delante de un adulto que se quedó aprende dos cosas que le van a servir toda la vida: que el dolor se puede decir en voz alta, y que la iglesia es un lugar donde se puede estar triste con confianza.
Un primer paso: no busques la frase correcta. Siéntate a su altura y dile «estoy muy triste por lo que pasó». Con eso ya hiciste lo más difícil, que es quedarte.
¡Dios te bendiga!