
Un culto pequeño también es iglesia
Qué hacer con el culto, y qué hacer contigo
| Para quién | Pastores, pastoras y encargados de congregaciones pequeñas |
| Nivel | Inicial |
| Se lee en | Seis minutos |
Llegó la hora, están las sillas puestas, y hay seis personas. Y preparaste un mensaje para cuarenta.
Lo primero, antes de hablar del culto: esto les ha pasado a muchos pastores y pastoras.
Lo que la Biblia dice sobre los números
Vale la pena mirarlo con calma, porque un domingo de pocas personas invita a sacar conclusiones apresuradas.
1 Corintios 3:6-7: «Yo planté, Apolos regó; mas Dios ha dado el crecimiento. Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento.» Pablo está resolviendo una discusión sobre a quién atribuirle los resultados, y su respuesta desarma las dos direcciones: si el crecimiento no es mérito tuyo cuando llega, tampoco es culpa tuya cuando no llega.
Y Mateo 18:20 dice que donde dos o tres se reúnen en el nombre de Jesús, él está en medio de ellos. Jesús habló de dos o tres: con pocos, ya hay reunión, y él está en medio.
Y hay un episodio que conviene tener a mano ese domingo. En 1 Reyes 19, Elías está convencido de que quedó solo: «y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (v. 10). Dios ya le había dado de comer y lo había dejado dormir (vv. 5-8), y después le dice que hay siete mil que él no había contado (v. 18). Dios lo cuidó primero, le mostró que necesitaba descansar, y después le mostró también que no estaba solo.
Lo que esto nos enseña: el domingo de seis personas no es un veredicto sobre tu ministerio.
Lo que honra a los que vinieron
- Agradece a los que llegaron. Que se sientan bienvenidos y suficientes: hicieron el esfuerzo de venir.
- Predica el mensaje completo. Ellos vinieron a recibir lo mismo que habrían recibido cuarenta.
- Dedica el culto a los presentes. Las llamadas para saber de los demás pueden esperar al lunes.
- Celebra el culto. Mateo 18:20 dice que dos o tres reunidos en su nombre ya son reunión.
Lo que conviene hacer ese mismo día
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Cambia la disposición. Junta las sillas adelante o en círculo. Así, seis personas se sienten reunidas y cercanas.
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Hazlo cercano. Con seis personas se puede conversar con la Biblia abierta y dejando que pregunten. El mismo contenido, más cerca.
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Pregunta cómo están, uno por uno. Con cuarenta no se puede; con seis sí. Y esa es una ventaja real del domingo pequeño.
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Ora por cada uno, por nombre. Ese gesto se recuerda.
El lunes: averigua, no supongas
Antes de sacar conclusiones, busca los datos. Llama o escribe a los que faltaron — sin reclamo, solo preguntando cómo están.
Muchas veces aparecen razones concretas:
- Lluvia o problemas de transporte.
- Corte de luz o de agua a esa hora.
- Turno de trabajo que cambió.
- Un evento del colegio o del barrio el mismo día.
Si tres de los que faltaron dicen lo mismo, ya tienes un dato para actuar: cambiar la hora, mover el día, o resolver el transporte.
Y lo que te toca a ti
El número de sillas ocupadas no es la medida del ministerio de nadie. Lo que sembramos lo hace crecer Dios: «Yo planté, Apolos regó; mas Dios ha dado el crecimiento.»
Y si se repite durante meses, conversarlo con otro pastor o pastora de confianza hace bien.
Lo que esto construye con el tiempo
Los seis que vinieron ese domingo son los que hoy sostienen la obra contigo. La manera en que los trataste ese día es lo que van a recordar — y es lo que van a contar cuando lleguen otros.
Un primer paso: junta las sillas adelante y conversa de cerca. Eso solo cambia el domingo entero.
¡Dios te bendiga!