
Visitar a alguien que está pasando por algo
Qué decir, cómo acompañar y cuánto quedarse
| Para quién | Cualquier miembro de la congregación |
| Nivel | Inicial |
| Se lee en | Seis minutos |
Te enteraste de que a un hermano se le murió alguien, o está enfermo, o perdió el trabajo. Y quizá dudas en ir, porque no sabes qué decir.
Es muy normal, y hay una buena noticia: no hay que saber qué decir. Hay que ir. Lo que esa persona va a recordar dentro de diez años no es tu frase; es que apareciste.
Los amigos de Job: lo que hicieron bien primero
El libro de Job cuenta algo de sus amigos que sirve mucho para esta ficha.
Job 2:13: «Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.»
Siete días en silencio. Esa parte la hicieron muy bien. La dificultad vino después, desde el capítulo 4, cuando quisieron explicarle por qué le estaba pasando. Y al final del libro, Dios no les reprocha haberse sentado con él, sino lo que dijeron después (Job 42:7).
Lo que esto nos enseña: acompañar es sentarse al lado. No hace falta explicar nada. Si te quedas callado al lado de alguien, estás haciendo la parte que los amigos de Job hicieron bien.
Gálatas 6:2 lo dice de otra manera: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» Sobrellevar es cargar junto a alguien, no quitarle el peso ni explicárselo. Nadie te está pidiendo que resuelvas.
Antes de ir
- Avisa. Un mensaje corto: «¿puedo pasar un momento hoy o mañana?» Caer sin avisar en una casa donde hay dolor puede llegar en mal momento.
- Ve con alguien más si puedes, sobre todo si es una casa donde no hay confianza. Si la persona es del otro sexo, ve siempre acompañado.
- Lleva algo sencillo: comida, pan, café. En una casa con dolor, una comida ayuda.
- Decide antes cuánto te vas a quedar. Veinte o treinta minutos está bien.
Qué decir
- «Lo siento mucho.» Con eso basta para empezar.
- «No sé qué decir, pero quería estar aquí.» Es honesto y funciona mejor que cualquier frase preparada.
- «¿Quieres contarme?» Y si dice que no, respétalo y quédate al lado igual. Ese «quédate igual» es Job 2:13.
- «Estoy orando por ti.» Solo si es verdad.
- Si conocías a la persona que murió, cuenta un recuerdo tuyo de ella. A la familia le hace muchísimo bien oír que alguien más la recuerda — les consuela saber que no se olvida.
Cuando no sepas qué decir
Lo que más consuela es la presencia, no la explicación. Por eso, más que buscar por qué pasó, quédate en lo que acompaña:
- Deja espacio para su tristeza. Llorar está bien, y estar a su lado mientras llora es una forma de amor: «llorad con los que lloran» (Romanos 12:15).
- Escucha su historia como única. Aunque hayas vivido algo parecido, su dolor es suyo: pregúntale cómo lo está viviendo.
- Ofrece algo concreto. En vez de «si necesitas algo, me avisas», di: «el jueves paso y te traigo el almuerzo». Pedir ayuda cuesta, y alguien en duelo no tiene fuerza para eso.
Eso es lo que los amigos de Job hicieron bien: sentarse al lado.
Durante la visita
- Habla menos de lo que escuchas. El silencio incómodo es parte de acompañar; no hay que llenarlo. Los siete días de Job fueron en silencio.
- Que la visita sea conversación. Un versículo, si sale, dicho con cuidado.
- Ofrece orar antes de irte, sin obligar. Una oración corta, en voz baja, con el nombre de la persona.
- Vete cuando dijiste que te ibas, aunque te estén atendiendo bien. Una visita larga obliga al que está mal a hacer de anfitrión — y esa es una carga más, no un consuelo.
Después: aquí está lo que importa
La primera semana llegan muchas visitas. Al mes, la persona sigue necesitando compañía, y ahí tu visita vale doble. El duelo dura más que las primeras semanas.
- Escribe a las dos semanas. Corto.
- Vuelve al mes. Esa segunda visita vale más que la primera.
- Acuérdate de la fecha. A los seis meses, al año, escríbele ese día. Es de lo que más se agradece.
Lo que esto construye con el tiempo
Una congregación donde la gente aparece —no con la frase correcta, solo aparece— es una donde las personas cuentan lo que les pasa antes de que sea tarde. La gente pide ayuda donde sabe que su dolor será bien recibido.
Un primer paso: ve y di «no sé qué decir, pero quería estar aquí». Es la frase más honesta de la ficha y no necesitas ninguna otra.
¡Dios te bendiga!