
Cuando un niño necesita que lo miren
Qué hacer sin perder al niño ni perder la clase
| Para quién | Maestros de escuela dominical, de la Escuela Bíblica Modular y de club de niños |
| Nivel | Inicial |
| Se lee en | Siete minutos |
A veces hay un niño que interrumpe, se para y hace reír a los demás, y la clase se hace cuesta arriba.
Ese niño también es parte de lo que Dios te confió, y quizá es quien más necesita que alguien lo mire.
Por qué esto importa más de lo que parece
Hay una escena que vale la pena leer despacio. En Marcos 10:13-16, la gente traía niños a Jesús y los discípulos los reprendían. Jesús se enojó. Es una de las pocas veces en los evangelios donde se dice explícitamente que se indignó, y fue por eso: porque alguien estaba apartando niños de él en nombre del buen funcionamiento.
Lo que esto nos enseña como maestros: el orden de la clase no es el fin. Es el medio. Cuando el orden empieza a costar niños —cuando la forma más fácil de tener una clase tranquila es sacar al que la desordena— conviene mirar de nuevo para qué es la clase. La clase existe para el niño, no el niño para la clase.
Y hay una segunda pieza, en Proverbios 22:6: «Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.» Instruir a un niño empieza por conocerlo: cada uno llega con su manera de ser, y el maestro que lo conoce sabe cómo llegarle.
Por eso enseñar es más que mantener el orden: el niño que interrumpe y el que se queda callado necesitan cosas distintas, y el maestro que los conoce puede darle a cada uno lo suyo.
Antes de corregir, averigua
Un niño que se porta mal muchas veces está diciendo algo que no sabe decir con palabras. Hay algunas causas frecuentes, y todas se atienden mejor con cercanía:
- Está cansado o tiene sueño.
- No entiende lo que está pasando. Si la clase le queda grande, se desconecta y busca otra cosa que hacer.
- Está pasando por algún problema. Un niño con miedo o con rabia a veces se porta mal donde se siente más seguro.
- Es la única manera que conoce de que alguien lo mire. A veces es la razón de fondo.
Lo que funciona
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Llámalo por su nombre, todo el tiempo — y también cuando está bien. Un niño al que solo le dicen el nombre cuando lo regañan aprende que portarse mal es la forma de existir.
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Siéntalo adelante y cerca de ti. No al fondo. Cerca no es castigo: es que lo alcances con la mirada y con la voz.
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Dale un encargo real: repartir las hojas, cuidar los creyones, ayudar a un niño más pequeño. Un encargo le da otra manera de sentirse parte: la que estaba buscando por el otro camino.
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Corrígelo aparte, en un rincón del mismo salón y a la vista de los demás; no delante de todos. Agáchate a su altura, habla bajo, dile qué esperas de él, y devuélvelo a la actividad enseguida. Agacharse importa: hablarle desde arriba a un niño de seis años es una conversación entre un gigante y alguien que no puede responder.
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Elogia lo que hizo bien delante de los demás. Lo mismo que lo hizo interrumpir por atención lo va a hacer portarse bien por atención. Es la misma necesidad, redirigida.
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Cambia de actividad antes de que se dispersen. Muchas veces el desorden empieza con el aburrimiento.
Lo que cuida al niño y al grupo
- Cuida su dignidad delante del grupo. Así gana el niño, y los demás aprenden que en tu clase todos están seguros.
- Mantenlo en la clase. Que se quede es hacer lo de Marcos 10: dejar que los niños se acerquen.
- Anuncia solo lo que vas a cumplir. Así tus palabras valen desde la primera vez.
- Míralo por lo que es él, sin compararlo con otro niño.
- Cuando hables con su mamá, su papá o quien lo cuida, inclúyelo en la conversación, o habla con ellos en privado.
Tres reglas, dichas el primer día
Pon tres o cuatro reglas, en positivo, y déjalas escritas en la pared:
escuchamos cuando alguien habla · cuidamos las cosas y a los demás · pedimos permiso para salir · todos participan
En positivo importa, y no es un detalle de estilo. «Escuchamos» funciona mejor que «no hablen» porque el niño hace lo que oye: si oye «no corran», lo que le queda en la cabeza es correr. Una regla en positivo le dice qué hacer; una en negativo solo le dice qué no, y lo deja sin alternativa.
Si te hace falta
Si en tu clase se presenta una situación que no sabes cómo manejar, conversa con el pastor o la pastora de tu iglesia. Ellos pueden orientarte.
Lo que esto construye con el tiempo
Un niño que fue difícil y al que nadie sacó de la clase aprende algo que no está en ninguna lección: que hay un lugar donde lo reciben. Puede que no recuerde el versículo de esta semana. Va a recordar que había un adulto que se sabía su nombre y que no se rindió.
Un primer paso: empieza solo por llamarlo por su nombre cuando está bien, nada más que eso, durante dos domingos. Es el cambio más chico de toda la lista y suele ser el que más mueve.
¡Dios te bendiga!