Audiovisión Musical
ESTUDIO BÍBLICO · MARCOS
JÓVENES Y ADULTOS · 15 AÑOS EN ADELANTE · HOJA DEL LÍDER

Encuentro 3 · El sembrador

Marcos 4:1-20 · La semilla que da fruto

Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, y otro a ciento. Marcos 4:20


LO QUE NECESITAS PARA ESTE ENCUENTRO


LO QUE CONVIENE SABER — para guiar mejor, no para repetírselo al grupo

El lugar y el momento

El mar de Galilea es un lago de agua dulce, de unos veinte kilómetros de largo, rodeado de pueblos de pescadores y de campos de cultivo. La multitud es tanta que Jesús sube a una barca y se sienta en ella; la gente queda en la orilla (versículo 1). Enseñar sentado era la postura habitual de los maestros de entonces.

Los que escuchaban conocían de memoria lo que Jesús describe. Se sembraba a mano: el sembrador caminaba el campo lanzando la semilla a puñados. Los campos eran atravesados por senderos de tierra pisada, donde la semilla no podía entrar; en muchas zonas de Galilea hay una capa delgada de tierra sobre la roca; y los espinos y cardos crecían en los bordes y volvían cada año. Una cosecha de treinta, sesenta o cien veces lo sembrado era abundantísima: cuando Génesis 26:12 cuenta que Isaac cosechó ciento por uno, lo presenta como bendición extraordinaria.

Palabras que vale la pena mirar

Cómo encaja en Marcos

Justo antes (3:20-35), la familia de Jesús sale a buscarlo y unos escribas venidos de Jerusalén dicen que echa fuera demonios por el príncipe de los demonios. Ya hay quienes oyen a Jesús y lo rechazan: la parábola llega en ese momento.

El capítulo 4 es uno de los dos discursos largos de Marcos (el otro es el capítulo 13). Tiene un orden claro: la parábola a la multitud (versículos 1 al 9), una conversación a solas con los doce y otros (versículos 10 al 20), y más parábolas de semillas y de luz (versículos 21 al 34). En la conversación a solas, Jesús cita Isaías 6:9-10 (versículo 12). Al final, Marcos resume que Jesús les hablaba con muchas parábolas, conforme a lo que podían oír (versículo 33). Y esa misma tarde viene la tormenta en el lago (versículo 35): el próximo encuentro.

Lo que este encuentro busca

Que cada uno vea dos cosas: que Jesús siembra su palabra para todos, con generosidad, y que esa palabra tiene vida: oída y recibida, crece y da fruto. La parábola no está para ponerle a nadie el nombre de un terreno, ni a uno mismo; es una invitación a oír. Tú abres la pregunta y dejas que cada uno la piense.


EL ENCUENTRO, PASO A PASO — 50 minutos

0 a 8 min · Oración y lectura

Da la bienvenida a cada uno por su nombre. Repaso de una línea: ¿Qué vio Jesús en los cuatro hombres que abrieron el techo? (La fe de ellos.) Ora en pocas palabras, por ejemplo: «Señor, gracias por tu palabra. Danos oídos para oírla hoy, y alegría para recibirla.»

Pide a una persona, avisada con tiempo, que lea en voz alta Marcos 4:1-20, completo. Una vez basta. No comentes todavía.

8 a 20 min · Observar

Solo lo que el texto dice, todavía sin opinar.

  1. ¿Dónde está Jesús, y desde dónde enseña? (versículos 1 y 2)
  2. ¿Con qué palabras empieza y con cuáles termina la parábola? (versículos 3 y 9)
  3. ¿En qué cuatro lugares cae la semilla, y qué le pasa en cada uno? (versículos 4 al 8)
  4. ¿Quiénes le piden la explicación, y qué es la semilla según Jesús? (versículos 10 y 14)
  5. ¿Qué dice Jesús de los que fueron sembrados en buena tierra? (versículo 20)

Que noten el marco: la parábola empieza y termina con una invitación a oír.

20 a 32 min · Interpretar

Qué nos muestra el pasaje de Jesús.

  1. ¿Por qué crees que el sembrador lanza la semilla también en el camino, en la piedra y entre espinos? ¿Qué nos dice eso de Jesús? (Pista para el líder: suele salir que Jesús siembra para todos, sin escoger primero a quién. La generosidad está en el sembrador.)
  2. Jesús abre la parábola con «Oíd» y la cierra con «El que tiene oídos para oír, oiga». ¿Por qué crees que insiste tanto en oír? (Pista: la conversación suele ir hacia la diferencia entre escuchar de pasada y escuchar de verdad. Puede ayudar el «Oye, Israel» de Deuteronomio 6:4.)
  3. Jesús distingue entre oír la palabra y recibirla (versículo 20). ¿Qué diferencia ves entre una cosa y otra? (Pista: en tres terrenos la palabra se oye; solo en uno, además, se recibe y da fruto. Recibir es darle lugar para que crezca.)
  4. ¿Qué contraste ves entre lo que se pierde en los tres primeros terrenos y lo que da la buena tierra? (Pista: las pérdidas son reales, pero el fruto final es de treinta, sesenta y ciento por uno. La parábola no termina en lo que se pierde, sino en una cosecha que supera con mucho lo sembrado.)
  5. ¿Qué cambia cuando los doce y otros se quedan a solas con Jesús y le preguntan? ¿Qué revela eso de él? (Pista: Jesús les explica con paciencia lo que no entendieron. Preguntar no lo molesta: el que se acerca a preguntar recibe más.)

Lo que conviene que quede dicho: Jesús siembra su palabra para todos, sin escoger. La palabra tiene vida propia: oída y recibida, crece y da mucho más de lo que se sembró. La parábola es, sobre todo, una invitación a oír.

32 a 44 min · Aplicar: la palabra que crece

Primero, una pregunta para cada uno, en silencio (dos minutos para escribir en la hoja): ¿Qué palabra de Jesús me ha alegrado o acompañado?

Después, en grupos de tres o cuatro, conversen: En la parábola, los afanes ahogan la palabra. La vida adulta trae muchos: el trabajo, las prisas, las tareas de la casa, de la comunidad y de la iglesia. ¿Qué nos ayuda, como grupo, a seguir oyendo juntos la palabra durante la semana y a disfrutarla en medio de todo eso? Cada grupo propone una o dos ideas sencillas y concretas (por ejemplo: enviar el verso de la semana al grupo, leer el pasaje del día antes de salir al trabajo o en el camino, leer juntos en familia, conversar con un compañero o un vecino lo que aprendimos hoy, cantar una canción basada en el texto). Quien quiera, comparte también la palabra que escribió. Un vocero comparte las ideas en una frase.

Escribe las ideas en un papel visible. Al final, el grupo elige una sola para esta semana.

Si el grupo es grande: grupos de cuatro, y solo tres voceros comparten. Si es pequeño: conversen todos juntos. Sin luz o sin papel: que cada vocero diga su idea y el líder las repita en voz alta antes de elegir.

44 a 50 min · Cierre

  1. El verso, juntos, una vez, despacio: Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, y otro a ciento (Marcos 4:20).
  2. Para pensar, en silencio: ¿Qué me dice de Jesús que siembre su palabra para todos, sin escoger el terreno?
  3. Para poner en práctica esta semana: compartir con alguien una palabra de Jesús que te alegró, y poner en práctica la idea que eligió el grupo.
  4. Oración de gratitud. Ora en voz alta, sencillo, o invita a un voluntario: «Señor, gracias por tu palabra, que siembras para todos. Gracias porque crece y da fruto. Que la oigamos con alegría esta semana.»
  5. Puerta abierta: «Si hoy quieres dar un paso con Jesús, o volver a él, puedes decírselo en tu oración. Y si quieres conversarlo, el pastor o la pastora está para eso.»

SI TE HACE FALTA

Si el grupo no responde: responde tú la primera pregunta, en corto, y vuelve a preguntar.

Si la conversación se va a qué terreno es cada uno: vuelve con calma a la semilla y al sembrador: Jesús siembra para todos, y lo que el pasaje celebra es el fruto de la palabra recibida.

Si alguien habla mucho: agradécele su aporte y dale la oportunidad a otros; por ejemplo: «Muchas gracias, hermano. ¿A alguien más le gustaría participar?»

Si te falta tiempo: acorta Interpretar y conserva Aplicar y el cierre.


PARA PROFUNDIZAR (el líder, durante la semana)

Una observación del texto: en los versículos 1 al 34, Marcos usa el verbo griego oír más de diez veces. Después de la parábola, Jesús repite la idea: «Si alguno tiene oídos para oír, oiga» (versículo 23) y «Mirad lo que oís» (versículo 24). Todo el capítulo gira en torno a cómo se oye.


EL PRÓXIMO ENCUENTRO

Encuentro 4 · Jesús calma la tormenta — Marcos 4:35-41.

¡Dios te bendiga!