
Transmitiendo la fe a la siguiente generación
Bosquejo 51
Lee antes de preparar: el Salmo 78:1-8. El salmo cuenta la historia de Israel, incluidos los errores. Los versículos 5 al 8 explican por qué: para que los hijos pongan su confianza en Dios y no repitan los fallos. Nota: quien no tiene hijos propios también forma parte de esta cadena: puede ser tío, maestro, vecino, hermano en la fe.
Idea central, en una frase: Nos toca contar a los más jóvenes lo que Dios ha hecho, con honestidad, para que confíen en él.
Duración aproximada: 15 a 20 minutos.
Para empezar
Pregunta: ¿quién te contó por primera vez de Jesús? Deja unos segundos. Alguien lo hizo.
1 · No esconderlo (versículo 4)
Qué dice el texto: el salmista dice que no lo ocultarán a sus hijos, sino que contarán a la generación venidera las alabanzas del Señor y sus maravillas.
Qué explicar: la fe no se hereda sola: se cuenta. Hablar de Dios en casa, con naturalidad, es una parte que no se puede dejar solo a la iglesia.
Pregunta para dejar en el aire: ¿hay algún niño o joven a quien puedas contarle lo que Dios hizo por ti?
2 · Contar la historia completa (versículos 5-8)
Qué dice el texto: el salmo cuenta también los fallos del pueblo, para que la siguiente generación no sea rebelde como sus padres.
Qué explicar: transmitir la fe incluye ser honestos con nuestros errores. Los jóvenes confían más en quien reconoce sus fallos. Y no hace falta ser perfectos para enseñar.
Una imagen que ayuda: una receta familiar que pasa de abuelas a nietas. Se pasa con las manos y con el ejemplo.
3 · Para que pongan su confianza en Dios (versículo 7)
Qué dice el texto: el salmista dice que el objetivo es que pongan en Dios su esperanza y no olviden sus obras.
Qué explicar: el fin no es que repitan frases, sino que confíen. Eso se logra con ejemplo, oración y paciencia.
Aplicación práctica durante la semana
Propónsela a la congregación como un compromiso personal, algo concreto para vivir esta semana lo que escucharon:
Cuéntale esta semana a un niño o a un joven, con tus palabras, un hecho concreto de cómo Dios te ayudó.
Cierre y llamado
1 · Recoge el mensaje (un minuto). Vuelve a la pregunta con la que abriste: ¿quién te contó por primera vez de Jesús? Respóndela con el salmo: alguien no se lo guardó; así pasa la fe de una generación a otra, contando con honestidad lo que Dios ha hecho. Y repite en voz alta la idea central: Nos toca contar a los más jóvenes lo que Dios ha hecho, con honestidad, para que confíen en él.
2 · El llamado (dos o tres minutos). Con tus palabras, más o menos así:
Alguien te habló de Jesús para que hoy pudieras responderle. Si nunca lo has recibido como tu Señor y Salvador, hoy puedes hacerlo. Y si ya lo conoces, pero se te fue apagando la fe que te transmitieron, hoy puedes volver y consagrarle de nuevo tu vida.
Invita a responder según la costumbre de tu iglesia: orar en su lugar o hablar contigo al terminar. Deja un momento de silencio para que cada quien pueda responder con calma. Con cariño y con libertad: la urgencia se dice como una invitación.
3 · Oración. Ora por quienes respondieron y por los niños y jóvenes de la iglesia. Quédate disponible al terminar para quien quiera hablar contigo.
¡Dios te bendiga!