
La esperanza que no avergüenza
Bosquejo 15
Lee antes de preparar: Romanos 5:1-11. El bosquejo usa el versículo 5, pero Pablo lo construye paso a paso: los versículos 3 y 4 hablan de cómo el sufrimiento produce constancia, carácter y esperanza, y los versículos 6 al 8 explican por qué esa esperanza es segura: Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores.
Idea central, en una frase: La esperanza del creyente no se apoya en que las cosas salgan bien, sino en el amor de Dios, que se demostró en la cruz y que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones.
Duración aproximada: 15 a 20 minutos.
Para empezar
Pregunta: ¿qué diferencia hay entre desear algo y tener esperanza? Puedes decir que desear es esperar que algo salga bien; la esperanza de la que habla Pablo es una certeza de que Dios cumplirá.
1 · De dónde nace la esperanza (versículo 5)
Qué dice el texto: Pablo dice que Dios ha puesto su amor en el corazón del creyente por medio del Espíritu.
Qué explicar: la esperanza cristiana no empieza en nosotros ni en nuestro ánimo. Empieza en algo que Dios pone dentro del creyente. Por eso no depende de cómo nos sintamos un día en particular.
Pregunta para dejar en el aire: ¿tu esperanza depende de tu ánimo, o de lo que Dios ya hizo?
2 · Una esperanza que resiste la prueba (versículos 3-4)
Qué dice el texto: Pablo describe una cadena: el sufrimiento, bien atravesado, forma constancia; la constancia forma carácter; y el carácter abre a la esperanza.
Qué explicar: no dice que el sufrimiento sea bueno en sí mismo. Dice que Dios lo puede usar para formar algo en nosotros. Esa esperanza sabe cómo termina la historia, y por eso puede atravesar el dolor sin rendirse. No se le pide a nadie que finja alegría cuando sufre.
Una imagen que ayuda: el hierro que pasa por el fuego. Si es de buena calidad, sale más firme.
3 · Una certeza demostrada (versículos 6-8)
Qué dice el texto: Pablo recuerda que Cristo murió por nosotros cuando éramos débiles y pecadores, y que esa es la prueba del amor de Dios.
Qué explicar: la razón por la que la esperanza no defrauda es que ya tiene un hecho que la respalda. Dios no dejó dudas sobre su amor: lo mostró en la cruz. Quien duda de si Dios lo va a acompañar, puede mirar hacia allí.
Aplicación práctica durante la semana
Propónsela a la congregación como un compromiso personal, algo concreto para vivir esta semana lo que escucharon:
Piensa en una persona que esté pasando por un momento desalentador. Esta semana, comparte con ella una palabra de esperanza, de viva voz o por mensaje, y ofrécele acompañarla.
Cierre y llamado
1 · Recoge el mensaje (un minuto). Vuelve a la pregunta con la que abriste: ¿qué diferencia hay entre desear algo y tener esperanza? Respóndela con Pablo: desear es esperar que algo salga bien; la esperanza del creyente es una certeza, porque se apoya en el amor que Dios mostró en la cruz. Y repite en voz alta la idea central: La esperanza del creyente no se apoya en que las cosas salgan bien, sino en el amor de Dios, que se demostró en la cruz y que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones.
2 · El llamado (dos o tres minutos). Con tus palabras, más o menos así:
Esa esperanza está al alcance de cualquiera que recibe a Jesús. Si nunca lo has recibido como tu Señor y Salvador, hoy puedes hacerlo, y tu esperanza tendrá dónde apoyarse. Y si ya lo conoces, pero el desánimo te fue alejando, hoy puedes volver y consagrarle de nuevo tu vida.
Invita a responder según la costumbre de tu iglesia: orar en su lugar o hablar contigo al terminar. Deja un momento de silencio para que cada quien pueda responder con calma. Con cariño y con libertad: la urgencia se dice como una invitación.
3 · Oración. Ora por quienes respondieron y por los que sienten que ya no hay razones para esperar, para que reciban esa certeza que se apoya en la cruz. Quédate disponible al terminar para quien quiera hablar contigo.
¡Dios te bendiga!